Estaba leyendo unos datos de Yango Group sobre cómo se movió América Latina el año pasado y la verdad es que los números retratan nuestra rutina mejor que un café bien cargado un lunes por la mañana.
Lo primero que salta a la vista es que el 70% de los viajes en la región se van por la tarifa económica. No es sorpresa: aquí no estamos para botar la casa por la ventana, sino para llegar al trabajo o a la universidad sin que el sueldo se nos quede en el camino. Es el “modo ahorro” activado por defecto.
La radiografía del corre-corre
Si nos comparamos con los vecinos, cada ciudad tiene su vibe. Mientras en Colombia la gente anda más activa los viernes y sábados (buscando el plan, imagino), en Perú y Bolivia el movimiento fuerte se pasa para los domingos. Aquí en Venezuela, entre el tráfico de Caracas y las vueltas que hay que dar, la plataforma se ha vuelto parte de esa “infraestructura invisible” que hace que la ciudad no se tranque del todo.
Y hablando de comida —porque ajá, después de tanto viaje da hambre—, los datos de delivery son un espejo de lo que somos. En Bolivia, por ejemplo, el rey absoluto es el pollo (el famoso “cuarto de pollo” domina el 12% de los pedidos). Me suena familiar, ¿no? Aquí un domingo sin pollo en brasas o algo resuelto por delivery no es domingo.
No es tecnología, es supervivencia urbana
Lo que dice Leonardo Zambrano, el jefe de Yango para la región, tiene mucho sentido: estas apps ya no son un “juguetito” nuevo, son herramientas de gestión pública en manos de privados.
- Viernes de locura: Entre las 11:30 a.m. y la 1:30 p.m. es cuando el mundo explota. Todo el mundo quiere su almuerzo o mandar un paquete fast.
- Pedidos familiares: Hay gente pidiendo hasta 70 salteñas de un solo golpe. Eso no es un antojo, eso es una reunión familiar de esas donde terminas hablando de política hasta las 10 de la noche.
Para este 2026, la apuesta viene por la “movilidad inteligente”. Suena muy tech, pero en cristiano significa que la app entienda que si vas de Catia a Las Mercedes, necesitas una ruta que no te deje atrapado en la cola de la autopista.
Al final, estas plataformas funcionan como una buena partitura: si el conductor (el intérprete), los datos (las notas) y el razonamiento del sistema están afinados, la ciudad fluye mejor. Y falta que nos hace.
¿Te has fijado que ya nadie dice “voy a pedir un taxi” como algo de lujo? Lo que antes era un evento especial, hoy es tan cotidiano como comprar una canilla en la panadería.

