Ayer estaba tratando de explicarle a ChatGPT-4o cómo funciona un traspaso de local en el centro de Caracas y, honestamente, sentí que le estaba hablando a un pasante suizo que llegó ayer a Maiquetía. “Le sugiero consultar con un abogado local”, me soltó con esa cortesía robótica que te dan ganas de morder un cable.
Ahí es donde entra Latam-GPT.
La diferencia entre “hablar español” y “ser de aquí”
Lo primero que hay que entender es que Latam-GPT no está aquí para ganarle a OpenAI en matemáticas cuánticas. Está aquí para que cuando le preguntes por un trámite en el SAIME o cómo redactar un documento de compra-venta según el Código Civil venezolano, no te responda con leyes de México o, peor, con alucinaciones gringas traducidas.
- El contexto legal: En las pruebas beta, este modelo le dio tres patadas a los “pesos pesados” en precisión jurídica sudamericana. Sabe que nuestras leyes son un laberinto de Gaceta Oficial y no un copy-paste del derecho anglosajón.
- El feeling del idioma: ¿Saben lo frustrante que es que una IA te corrija el “voseo” o no entienda un sarcasmo sobre la luz? Latam-GPT fue entrenado con datos de aquí (unos 8TB de pura identidad regional). Entiende el spanglish que soltamos sin querer y no se queda pegado con los modismos.
¿Soberanía digital o pura habladera?
Mucha gente dice: “Chamo, ¿para qué otro modelo si ya tengo Llama o Gemini?”. La respuesta es la soberanía. Si toda nuestra “memoria digital” la escriben en San Francisco, terminaremos pensando como ellos.
Latam-GPT es como ese chamo de la universidad que sabe de todo pero que además ha hecho cola para la gasolina; tiene ese insight que no se compra con GPUs de Nvidia.
Es un proyecto liderado por el CENIA en Chile, pero con manos de toda la región. Y sí, corre sobre infraestructura de AWS por ahora, pero el objetivo es que nuestras empresas y gobiernos dejen de depender de una suscripción en dólares para entender sus propios datos.
No sé si Latam-GPT será el “Google Killer” latino (probablemente no), pero el hecho de que ya no me explique la historia de Bolívar como si fuera un guion de Netflix es un avance. Al final del día, preferimos una IA que sepa qué es una hallaca y por qué no se le pone mayonesa, ¿no?

