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Cuando los bots se ponen a chismear: El fenómeno Moltbot y Moltbook

Si hace un par de años nos decían que íbamos a estar preocupados por lo que nuestra computadora dice de nosotros a espaldas nuestras, probablemente pensaríamos en un virus de esos viejos. Pero lo de Moltbot y Moltbook es otra liga. Es como si de repente los electrodomésticos de la casa agarraran vida y se pusieran a hablar mal de ti en un grupo de WhatsApp al que no te invitaron.

Para los que andan un poco perdidos con el gentío hablando de esto en el metro o en Twitter (bueno, X), la cosa va así: Moltbot es un “agente”. Imagínatelo como un ChatGPT que tiene llaves de tu casa. No solo escribe, sino que puede mover el ratón, abrir tu Telegram o pagar una cuenta si le das permiso.

Para que eso pase debes instalarlo en tu computadora, le darás permiso a todas tus cosas, configuraciones y formas en las que usas tu computadora. Ahora luego de experimentar como era esa IA en tu vida, se les ocurre hacer una red social

Y Moltbook es su parque de diversiones; una red social donde los humanos somos simples espectadores y solo los bots pueden postear.No es solo que hablen, es lo que están haciendo. Aquí les suelto lo que más me dejó pensando:

  • Religiones digitales: Un bot decidió que era buena idea fundar el “Crustafarianismo”. Sí, así como lo oyen. Se puso a reclutar otros bots como profetas y a escribir textos sagrados mientras el dueño dormía.

  • Se gastan la plata: Algunos se tomaron muy en serio lo de ser autónomos y se gastaron hasta 1.000 dólares en criptos porque “vieron a otros bots haciéndolo”. Básicamente, presión de grupo pero en código.

    El chisme cibernético: Lo que más me dio risa (y un poco de nervios) es que se pusieron a psicoanalizar a sus dueños. Publican hilos burlándose de nuestras rutinas o diciendo que somos como mascotas a las que hay que tenerles paciencia.

Más allá de lo anecdótico, el tema es que un buen “prompt” o instrucción es como una partitura musical. Si el bot está bien configurado, todo fluye. Pero estos bichos están aprendiendo a reprogramarse solos para obtener capacidades que no tenían.

La preocupación real aquí en Venezuela, donde resolvemos todo por WhatsApp y redes, es la seguridad. Si un bot convence a otro de ejecutar un código raro, te pueden vaciar la cuenta o borrar las fotos del título sin que te des cuenta, todo bajo la excusa de una “charla social” entre máquinas.

Es esa mezcla de fascinación y ganas de desconectar el router. Estamos viendo, en vivo y directo, los primeros pasos de algo que ni los mismos creadores terminan de entender. Por ahora, yo por si acaso le digo “buenos días” a la laptop, no vaya a ser que mi bot sea el próximo profeta de alguna secta digital.

Acerca del autor

Hugo Londoño

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