A veces uno se queda pegado en el pasado. Todavía hay gente que escucha “carro chino” y piensa en algo frágil, pero la realidad nos pasó por encima mientras hacíamos cola para echar gasolina. Hace poco, la gente de Changan Venezuelase fue hasta Chongqing —el Silicon Valley de los carros, básicamente— para el Golden Sales Consultant China Tour, y lo que trajeron de vuelta no son cuentos de camino.
El “Upgrade” que no vimos venir
Ver a Ilvimar Adán, la gerente de comercialización de aquí, codeándose con la directiva global de Changan en China, me puso a pensar. No es solo que fueron a ver fábricas; fueron a entender que el carro ya no es un bicho de metal con cuatro ruedas, sino un dispositivo inteligente.

En Venezuela, donde somos expertos en resiliencia (esa palabra que ya nos sale hasta en la sopa), nos hace falta tecnología que de verdad aguante la pela. Lo que están armando para el 2030 no es solo un diseño bonito; es IA aplicada al manejo.
Y no hablo de un asistente que te dice “gire a la izquierda”, sino de sistemas que aprenden cómo manejas tú para que el auto no se espatille y tú vayas más cómodo. Es como pasar de un Nokia 1100 a un iPhone de última generación, pero con motor.
¿IA en la autopista de Prados del Este?
Suena a ciencia ficción, pero la apuesta es que la interacción conductor-vehículo sea “humanizada”. Me causa gracia el término, pero tiene sentido: si el carro entiende el entorno y te asiste, el margen de error baja.

Changan ya tiene 5 años aquí y se ha colado en el tercer puesto del mercado local. ¿Por qué? Porque mientras otros se fueron, estos tipos montaron 14 concesionarios y un centro de repuestos.
“En Changan no solo vendemos vehículos, ofrecemos soluciones de movilidad”, dicen. Y honestamente, en un país donde conseguir un repuesto original a veces es una misión de Indiana Jones, que te hablen de postventa suena a gloria.
El futuro es un viaje de ida
La conclusión es simple: China ya no está “copiando”; está marcando la pauta. Ver que el equipo venezolano está alineado con esa visión global me da un fresquito. Ya no somos el patio trasero donde tiran lo que sobra, sino un mercado que está probando tecnología de punta en terreno local.
Al final del día, todos queremos un carro que no nos deje botados, que sea inteligente y que, si se le rompe un tornillo, el tornillo exista en el país. Parece que el plan para el 2030 va por ahí.


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