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¿Petróleo con IA o seguiremos dándole con un pico? La Licencia 44A y el software que no vemos

Parece que el campo no solo va a oler a crudo, sino a silicio. Con la llegada de software de simulación sísmica de última generación bajo la Licencia 44A, Venezuela intenta pasar de la “vieja escuela” a una era donde el algoritmo importa tanto como el taladro.


A veces uno piensa que la industria petrolera es solo tubos oxidados y gente con cascos amarillos gritando bajo el sol de Zulia o Anzoátegui. Pero la realidad es que, hoy en día, sacar petróleo sin software de alta gama es como intentar buscar una dirección en Caracas usando un mapa de papel de 1992: vas a dar vueltas, vas a gastar gasolina y probablemente termines en un callejón sin salida.

La noticia de que la Licencia 44A está abriendo la puerta a herramientas de simulación sísmica de última generación no es un tema menor, aunque suene a lenguaje técnico de oficina en Chacao. Es, básicamente, traerle un upgrade de procesador a una computadora que venía funcionando con Windows 95.

El “Waze” del subsuelo

¿Para qué sirve esto? Imaginen que queremos construir una casa en un terreno que no conocemos. En vez de cavar huecos a lo loco para ver dónde el suelo es firme, usamos un escáner que nos dice exactamente dónde está la piedra. Eso es la simulación sísmica.

  • Precisión quirúrgica: Ya no estamos para perder tiempo (ni dólares) perforando pozos secos. Este software permite ver el subsuelo en 3D con una claridad que asusta.
  • Eficiencia operativa: En un país donde la luz parpadea y los repuestos tardan meses, optimizar cada movimiento es supervivencia pura.
  • Transferencia de conocimiento: No es solo el programa, es el mindset. El personal local tiene que ponerse al día con herramientas que son el estándar en Houston o Noruega.

¿Hardware de 1970 con Software de 2026?

El reto aquí es el de siempre: la brecha. Es genial que llegue el software más avanzado del mundo, pero eso corre sobre infraestructura. Es como comprarte el último iPhone para usarlo en una zona donde solo llega señal Edge. Para que esta inversión petrolera tecnológica rinda frutos, la conectividad en los campos y la estabilidad eléctrica tienen que dejar de ser un chiste de mal gusto.

Aun así, es un respiro. Ver que la conversación pasa de “cuántos barriles sacamos” a “qué tan inteligente es nuestra extracción” nos saca un poco del foso del pensamiento rentista tradicional.


Al final, la tecnología no hace milagros por sí sola, pero ayuda a que el trabajo no sea una adivinanza constante. Ojalá que estos algoritmos nos ayuden a encontrar el camino de vuelta a una industria que sea eficiente por diseño y no por accidente.

Acerca del autor

Hugo Londoño

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