Ayer estaba en un local comercial y vi a un chamo pegando un grito porque no podía entrar a su Instagram. “Mano, me hackearon”, decía con una cara de tragedia que ni te cuento. Y es que, aunque estemos en pleno 2026, nos siguen aplicando la misma receta de hace diez años, solo que con un empaque más bonito.
Según un reporte reciente de la gente de ESET, la cosa en Latinoamérica está candela: solo el año pasado se comprometieron más de 2.6 millones de credenciales en la región. Países como Brasil, México y Perú lideran la lista, pero nosotros aquí no nos quedamos atrás.
El tema es que perder una clave hoy no es solo perder el acceso a las fotos del perro; es abrirle la puerta de tu casa, de tu banco y hasta de tu historial médico a un desconocido.
¿Cómo nos están “pescando”?
La verdad es que los hackers no siempre son genios encerrados en un sótano oscuro. A veces, simplemente son buenos psicólogos (o estafadores con mucha paciencia). Se mueven principalmente en tres aguas:
- El cuentico del error (Ingeniería Social): Te llega un correo que parece del banco o de una tienda conocida diciendo que hay un “problema urgente” con tu cuenta. Te meten presión, tú te asustas, haces clic en un link y pum: entregaste los datos en una página que se ve igualita a la original pero es de mentira.
- El software “chismoso” (Malware): Aquí no hay interacción. Te bajas un archivo raro o una app pirata y se te mete un infostealer o un keylogger. Es como tener a alguien detrás de ti anotando cada tecla que pisas mientras tú, tranquilazo, revisas tu cuenta de ahorros.
- Cuando el problema no eres tú: A veces tú haces todo bien, pero hackean a una empresa grande donde tienes cuenta. Si usas la misma clave para todo (la clásica de “Nombre+123”), los tipos agarran esa lista filtrada y empiezan a probar en todos lados hasta que entran. Es como si un ladrón robara el llavero maestro de un edificio.
¿Qué podemos hacer? (Sin volvernos paranoicos)
No hace falta ser un experto en sistemas, es más un tema de maña y de no dejársela tan fácil. Aquí te dejo lo que yo aplico:
- Dile adiós a la clave única: Si te hackean el correo y tienes la misma clave en el banco, te fuiste de nalgas. Usa un gestor de contraseñas y quítate ese peso de encima.
- La verificación de dos pasos es sagrada: Es esa molestia necesaria que te pide un código al celular. Es el “doble candado” de la reja.
- Duda de todo lo “urgente”: Si un correo te mete miedo para que des tus datos YA, respira, tómate un café y revisa bien el remitente. Los bancos de verdad no suelen andar con esas carreras por email.
- Si ya te pasó, corre: Cambia todo, cierra sesiones activas en otros dispositivos y pasa un buen antivirus. El tiempo aquí vale oro.
Al final del día, nuestra vida digital es tan real como la física. Así como no dejas la puerta de la casa abierta con un cartel que dice “pasen adelante”, tampoco dejes tus claves a la buena de Dios.

