Hoy en Guaparo en Valencia la “Experiencia Digital” de Bancaribe. Es la quinta que abren en el interior y la tercera en Carabobo. Y miren, más allá del corte de cinta y el lenguaje corporativo, lo que esto significa es que el concepto de “ir al banco” está mutando en algo que, por fin, se parece a nuestra vida actual.
El banco era, por definición, un lugar donde el tiempo se detenía, pero no de la forma romántica.
Crecí viendo a mi familia prepararse para una ida al banco como quien va a una audiencia con el dueño de la compañía. Había que ir temprano, llevar una carpeta con ganchos (que nunca era la correcta) y armarse de una paciencia infinita para hacer una cola donde el aire acondicionado siempre estaba a 16 grados.
El adiós al “vuelva mañana”
Lo que están montando en Guaparo no es solo una oficina con muebles bonitos y WiFi. palabra clave: la agilidad. En un país donde resolvemos la mitad de la vida por WhatsApp y la otra mitad por pago móvil, entrar a una agencia bancaria y sentir que retrocediste a 1995 es un choque cultural violento.
Esta sede digital Bancaribe busca que el proceso sea más un check-in rápido que un calvario administrativo. Menos papeles, más autogestión y, sobre todo, gente que te asesora de verdad en lugar de solo sellarte una planilla.

Puntos de venta y el ecosistema emprendedor
Un detalle que me llamó la atención es el enfoque en los clientes jurídicos y Pymes. Si algo nos ha enseñado la economía venezolana de los últimos años, es que aquí todo el mundo tiene un hustle, un emprendimiento o un negocio que necesita soluciones para ayer.
- Asesoría real: No es solo abrir la cuenta, es entender qué punto de venta te sirve o cómo mover el flujo de caja.
- Cercanía: Que Guaparo sea ahora un nodo para esto le ahorra el viaje al centro o a zonas más congestionadas a más de uno.
¿Hacia dónde vamos?
Bancaribe ya tiene 11 oficinas de este tipo a nivel nacional. Es una señal clara: la banca física no va a desaparecer, pero tiene que justificar su existencia. Si puedo hacer todo desde la app, ¿para qué voy a la oficina? Voy porque necesito una solución compleja, un equipo que me respalde o tecnología que no tengo a mano.
Es justicia poética que, en una ciudad tan movida como Valencia, la banca se baje del pedestal y se ponga al ritmo del tráfico de la Avenida Bolívar (cuando fluye, claro).


Debe estar conectado para enviar un comentario.