Sony y TCL acaban de firmar un “memorando de entendimiento” (básicamente, están coqueteando antes de casarse) para colaborar en el entretenimiento doméstico.
Si has pasado recientemente por una tienda de electrodomésticos o has estado scrolleando en MercadoLibre buscando qué poner en la sala, seguro te has topado con dos realidades muy distintas.
Por un lado está Sony, esa marca aspiracional, la del “tío rico”, la que todos sabemos que se ve increíble pero que hace llorar a la tarjeta de crédito. Por el otro está TCL, que llegó calladita y de repente está en todos lados, ofreciendo pantallas gigantes a precios que no te obligan a vender un riñón.
Bueno, resulta que estas dos empresas, que parecen estar en esquinas opuestas del ring, acaban de firmar una alianza estratégica. Y uno se pregunta: ¿Qué invento es este?
Para entenderlo sin enredos técnicos, imaginemos esto con comida, que así entendemos todos. Imagina que Sony es ese chef famoso que tiene una receta secreta para la mejor salsa de pasta del mundo.
Su “magia” no es el tomate en sí, sino cómo lo cocina, las especias y el tiempo (en el mundo de los TVs, esto es el procesador de imagen y el software).

Por otro lado, TCL es el dueño de la plantación de tomates más grande y eficiente del mercado. Tienen la maquinaria, la logística y sacan tomates (los paneles o pantallas físicas) por millones a un costo bajísimo.
Hasta ahora, Sony intentaba cultivar sus propios tomates o comprarlos caros por ahí. Con esta alianza, lo que están diciendo es: “Mira, TCL, tú pon la pantalla (el hardware bruto), que yo pongo mi cerebro y mi procesamiento de imagen (la salsa secreta)”.
¿Por qué hacen esto?
Porque fabricar las pantallas LCD/OLED es carísimo y arriesgado. Sony prefiere enfocarse en lo que mejor sabe hacer: la experiencia premium, el sonido y el manejo de color. TCL, por su parte, gana prestigio al codearse con la realeza japonesa y asegura un cliente gigante para sus fábricas.
No es que ahora tu próximo Bravia va a ser “chino genérico”. Para nada. Es simplemente una movida de supply chain (cadena de suministro) para sobrevivir en un mercado donde la gente cambia de tele más rápido que de celular.
¿Qué significa esto para nosotros en Venezuela?
A corto plazo, nada drástico. Pero a la larga, podríamos ver equipos Sony con precios un pelín más competitivos (ojalá), o tecnología de TCL que mejora drásticamente al aprender de los estándares de calidad japoneses.
Es el clásico “si no puedes con el enemigo, únete”. O mejor dicho, úsalo para que te fabrique las piezas caras. Al final del día, mientras la serie de Netflix se vea nítida y el Play 5 corra fluido, a nosotros nos da igual quién puso el tornillo y quién puso el chip.


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