El enemigo silencioso no es la oscuridad, es la inestabilidad. El otro día estaba terminando una idea en la laptop y las luces de la sala hicieron ese pequeño “baile” que todos conocemos. No se fue la luz, solo pestañeó. Seguí escribiendo como si nada. Pero, aunque yo no lo sentí, la fuente de poder de mi computadora sí recibió el golpe.
En la Venezuela de 2026, ya hemos desarrollado una especie de callo contra los apagones largos, pero el verdadero villano de la película ha mutado: ahora es la calidad de la energía como nos cuenta Solsica. No se trata de si tienes servicio o no, sino de cómo llega ese servicio a tu enchufe.
Leyendo un reporte reciente de la gente de Corporación Solsica, me encontré con un término que define perfectamente mi estrés diario: el “flickeo” o fluctuación de voltaje.
Imagina que la electricidad es agua
Para que nos entendamos sin ponernos demasiado técnicos (porque ni tú ni yo somos ingenieros de la NASA): imagina que la electricidad que entra a tu casa u oficina es agua que corre por una tubería.
Lo ideal es que el agua llegue con una presión constante y limpia. Pero lo que sucede con las fluctuaciones es que, de repente, esa presión se dispara (sobretensión) o cae al piso (subtensión) en cuestión de milisegundos.
Si tienes un equipo sensible —digamos, un servidor en tu empresa o esa nevera que te costó un ojo de la cara—, recibir esos golpes de presión es como meter un carro deportivo en una carretera llena de huecos a 100 km/h. Eventualmente, la suspensión se va a partir.
Laura De Jongh, ingeniera de Solsica, lo explica clarito: el problema es invisible. “A veces hay electricidad, pero el voltaje es tan inestable que las máquinas, para protegerse, se apagan”. Y si no se apagan, sus componentes internos (tarjetas lógicas, condensadores) se van desgastando hasta que un día, simplemente, no prenden más.
El UPS: Tu portero de discoteca
Aquí es donde entra la solución que, honestamente, ya no es un lujo sino un requisito de supervivencia operativa: los Sistemas de Energía Ininterrumpida (UPS).
Mucha gente compra un UPS pensando solo en que le dé 10 minutos para guardar el archivo de Word cuando se va la luz. Error. Esa es su función básica.
La verdadera magia de un buen UPS (y de los supresores de picos serios) es que funcionan como un filtro o un portero de discoteca.
- Reciben la energía “sucia” e inestable de la calle.
- La “limpian” y estabilizan internamente.
- Le entregan a tu equipo una energía pura y constante.
De Jongh comenta que, con estos sistemas, “las máquinas ni perciben el fallo”. Es continuidad operativa pura. Si tienes un negocio, esto es la diferencia entre seguir facturando o pararte a ver el techo mientras se reinicia el sistema (o peor, mientras llamas al técnico para que cambie una pieza quemada que cuesta una fortuna).
Comprar el equipo no es el final del camino
Ojo con esto, que es donde la mayoría falla. Compramos el UPS, lo instalamos debajo del escritorio y nos olvidamos de que existe hasta que empieza a pitar como loco dos años después.
La tecnología también necesita cariño. Las baterías se vencen, los filtros se ensucian (volviendo a la analogía del agua). En Solsica hacen mucho énfasis en el servicio postventa y el mantenimiento preventivo. De nada sirve tener un escudo si está oxidado. Asegurar el retorno de inversión implica revisar los equipos periódicamente; de lo contrario, esa protección se vuelve un adorno costoso.
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Si tu estrategia de protección eléctrica se basa solo en desconectar todo corriendo cuando empieza a llover, es hora de actualizarse.

