Si sientes que tu internet vuela comparado con hace tres años, no es tu imaginación: Venezuela ha triplicado su infraestructura de fibra óptica y escalado en el ranking mundial. Sin embargo, detrás de esos tests de velocidad hay una realidad compleja de “zonas muertas”, frenazos económicos y una tecnología 5G que, por ahora, sigue siendo más promesa que realidad para la mayoría.
La cámara gremial Casetel, bajo el liderazgo de Juan Andrés Krumins, enfatiza el progreso en la conectividad nacional y el despliegue de tecnologías 4G y 5G para reducir la brecha digital. A pesar de estos avances técnicos y el aumento en las velocidades de navegación, la industria enfrenta obstáculos financieros críticos como la falta de crédito bancario, el anclaje de tarifas y la presión tributaria.
Hace no mucho, celebrar que un video de YouTube cargara en 480p sin pegarse era nuestro “pequeño triunfo” del día. Hoy, arrancando el 2026, la película es otra. Literalmente. Estamos viendo planes de 200 y 300 megas como si fueran el estándar de toda la vida.
Lo que ha pasado en el sector telecomunicaciones en Venezuela es, poniendo los pies en la tierra, impresionante. Pero como todo en este país, tiene letras chiquitas que vale la pena leer con lupa.
Advierten sobre los riesgos de la piratería digital, la competencia desleal de empresas no autorizadas y los crecientes desafíos en ciberseguridad. Para el año 2026, el enfoque estratégico se centrará en la rentabilidad de las inversiones realizadas y en la actualización del marco regulatorio para fomentar la competencia sana.
El “boom” de la fibra (y lo que nadie ve)
Para que se hagan una idea: Conatel puso una meta de 65.000 kilómetros de fibra óptica. El sector privado, básicamente echándole pichón con recursos propios, instaló 233.000 kilómetros. Eso es casi cuatro veces más.
Gracias a esto, la velocidad promedio del país subió más del 100%, metiéndonos en el puesto 67 del ranking mundial. Ya no somos el último vagón del tren digital. Pero aquí viene el dato curioso: mucha de esa fibra es lo que llaman “fibra oscura”.
La analogía: Imagina que construyes una autopista de ocho canales impecable, recién asfaltada, pero mantienes cuatro canales cerrados con conos porque no hay suficientes carros (clientes o demanda) para llenarla, o porque falta plata para mantener las luces encendidas. La infraestructura está, pero está “apagada” esperando ser monetizada.
¿Vives en un oasis o en un desierto?
Esto es lo más loco de la geografía digital. Tienes ciudades como Maracaibo o Porlamar donde hay tantos proveedores (más de 300 ISP habilitados en el país) que casi se pelean por ponerte el cable. Hay saturación.
En cambio, te vas a zonas de Caracas como Santa Mónica o Los Chaguaramos —que uno pensaría que están “resueltas”— y resultan ser desiertos de fibra. O no llega nadie, o llega uno solo y cobra lo que quiere. La distribución no es pareja, y eso duele.
El mito del 5G y el “frenazo” económico
Si estás pensando en cambiar el celular solo por el 5G, aguanta un poco. Aunque las operadoras han hecho la tarea migrando casi todo de 3G a 4G, el 5G sigue en “modo prueba”. Solo cubre el 5% de los municipios (básicamente Chacao y Sucre, donde siempre pasan estas cosas primero).
Y no todo es color de rosa. El final de 2025 fue rudo. La devaluación y la brecha cambiaria le metieron un freno de mano a la inversión, que cayó entre un 30% y 40%.
Las empresas están haciendo malabares:
- Sin crédito: Los bancos no están prestando lo suficiente.
- Impuestos altos: La voracidad fiscal no perdona.
- Competencia desleal: Hay un repunte de “empresas piratas” que lanzan cables sin permisos, no pagan impuestos y ensucian el mercado.
En resumen: Tenemos una carretera digital muchísimo mejor que antes, pero el carro (la economía) tiene fallas en el motor y hay mucho “buhonero” en la vía obstaculizando el paso. Aún así, navegar hoy es un alivio comparado con el pasado.

