El otro día estaba escuchando un conversatorio sobre inteligencia artificial y transformación digital aplicado a los negocios. Ya saben, esos temas que suenan a Silicon Valley pero que, cuando los aterrizas en un local en Chacao, cobran un matiz totalmente distinto. Me dejó pensando en cómo hemos normalizado el uso de herramientas tecnológicas no por moda, sino por pura supervivencia más que por procesos operativos mejorados o evolución en los negocios.
Esta conversación nose si tenía un fin específico pero siento que algunas escalas se les pasaron para dejar una ruta más clara a quienes asisten y a una conversación que trasciende en el tiempo y ahora con la llegada de la IA suma pendientes que atender. El tema que faltó tocar aquí: Ciberseguridad, ha estado de moda pero no en buenas noticias.
Entre el Excel y el algoritmo: ¿Por dónde se empieza?
Lo primero que soltaron en la charla fue una verdad como un templo: la transformación digital no es comprar un software carísimo para seguir haciendo los mismos procesos engorrosos. Es como querer ponerle un motor de Ferrari a un carrito de perros calientes; si no cambias la estructura, solo vas a tener un carrito que hace más ruido pero vende la misma cantidad de salchichas.
Para una empresa venezolana —desde el kiosco de la esquina hasta un banco— el proceso real arranca con un diagnóstico, casi como un examen de sangre corporativa. No todas las empresas necesitan 20 gerencias digitales; algunas solo necesitan que su CRM (la gestión de clientes) deje de ser un cuaderno con las hojas dobladas y pase a ser algo que no se pierda si se va la luz.
El fantasma de la deshumanización y el miedo al “bot”
Hubo un punto cliché: El miedo a que la tecnología nos quite el trabajo o nos vuelva robots. Un panelista contaba que en un banco, cuando propusieron digitalizar un proceso, el líder del área pensó que iban a desaparecer. La realidad es que en este país, donde el internet va y viene, el factor humano es lo que mantiene el negocio a flote, pero es una creencia que tiene 60 años desde que las computadoras empezaron a aparecer con más frecuencia.
La IA aquí no debería ser para despedir gente, sino para darles “superpoderes”. Imagínate que en vez de pasar tres horas cargando datos manualmente bajo el calor de un apagón, una herramienta lo haga por ti y tú te encargues de lo que de verdad importa: atender al cliente que llegó molesto.
Es lo que llaman “trabajo aumentado”. Al final, si pones un bot de autoservicio pero el cliente se siente abandonado, no hiciste nada.

La resiliencia como sistema operativo
Lo más aterrizado de la conversación fue cuando hablaron de las fallas de infraestructura. ¿Cómo hablas de nube e IA si no hay luz?. La respuesta fue magistral: el mundo sigue girando y nosotros hemos aprendido a ser “nativos de la crisis” Si no hay luz, prendemos la planta; si no hay internet fijo, usamos los datos del celular.
Esa capacidad de resolver es nuestra ventaja competitiva. La transformación digital en Venezuela no se trata de tener la última versión de ChatGPT, sino de tener la estrategia para que tu negocio no se detenga.
No necesitamos digitalizar por etiqueta. Necesitamos entender el “para qué”. Si una herramienta no le hace la vida más fácil a tu empleado y a tu cliente al mismo tiempo, es solo un gasto de megas. Al final, quien lidera la transformación no es el que más sabe de códigos, sino el que mejor sabe dirigir la orquesta entre el caos y la oportunidad[.


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