Ayer justo conversaba de esto, me quedé pensando en esos primeros televisores “modernos”. Ese que pesaba como un matrimonio obligado y que para moverlo hacía falta convocar a tres primos y un vecino. Hoy, leo que Samsung lleva 20 años seguidos siendo el número uno del mundo y, honestamente, no me sorprende.
En Venezuela, tener un televisor de estos es casi un rito de iniciación: desde el que compró el Bordeaux en 2006 (¿se acuerdan de ese diseño inspirado en una copa de vino?) hasta el que hoy está cazando una oferta de un Crystal UHD para ver los partidos, ya pronto el mundial.
Lo de esta gente es una hegemonía nivel equipo de los 90. En 2025 cerraron con casi el 30% del mercado global. Pero más allá de los números de Omdia y los balances financieros, lo que me genera curiosidad es la evolución del “mueble” principal de la casa.
De ver tele a decorar la pared
Hubo un tiempo en que el televisor era un estorbo necesario. Ahora, con vainas como el The Frame, Samsung nos convenció de que la pantalla puede ser un cuadro de Da Vinci mientras no estamos viendo una serie.
Que el aparato no desentone con los cuadros de la tía. Pasamos de los LED finitos en 2009 a estas bestias de 8K y Micro LED que tienen más resolución que mi propia vista después de las 6 de la tarde.
La confianza en tiempos de “bajones”
Seamos realistas: aquí uno no compra tecnología solo por los píxeles; uno compra por la resistencia. El liderazgo de Samsung en el segmento premium (donde dominan más del 50% de las ventas de más de $2.500) dice mucho de la confianza.
Es esa sensación de: “Si voy a soltar los verdes, que sea por algo que no se me vaya a morir al primer parpadeo de la luz”. Esa confiabilidad es lo que los ha mantenido ahí desde que los televisores eran “inteligentes” solo porque tenían un menú azul.
El futuro tiene IA (y probablemente nos conozca mejor que mamá)
Lo que viene ahora es puro procesador con Inteligencia Artificial para escalar imagen. Básicamente, la tele va a decidir por ti cómo se debe ver el color y cómo debe sonar la explosión en la película. Es el fin de una era y el comienzo de otra donde la pantalla es el centro de todo el ecosistema del hogar.
Al final, 20 años son una vida. En dos décadas hemos cambiado de moneda, de gobierno, de gustos y de redes sociales, pero parece que el control remoto negro con el logo plateado sigue siendo el que manda en la mesita de noche.

