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Entre máscaras y señales: Lo que se cocina en el “Oscar” de los celulares

A veces uno piensa que el mundo de la tecnología son solo cables, pantallas y gente hablando en código, pero la verdad es que detrás de cada mensaje de texto que te llega (y de cada estafa que bloqueas) hay una orquesta moviéndose. Este marzo, la cosa se pone seria —y un poco misteriosa— en Barcelona con el Mobile Ecosystem Forum (MEF).

Imagínate que los “duros” de la industria móvil, esos que deciden cómo funcionan las redes y las aplicaciones que usas todo el día, se reúnen en un edificio histórico como la Casa Llotja De Mar. No es solo para hablar de negocios; es donde entregan los MEFFYS, que básicamente son los Óscar del ecosistema móvil

Para que te hagas una idea, es como el Miss Venezuela de la tecnología, pero en vez de coronas, se llevan trofeos por innovación y mejores prácticas


Lo que más me llama la atención es el contraste. Por un lado, tienes mesas redondas súper técnicas sobre antifraude y las benditas API de telecomunicaciones (esos puentes invisibles que hacen que las apps hablen entre sí). 

Es el tipo de conversación que necesitamos que salga bien para que dejen de hackearnos la cuenta de WhatsApp cada dos minutos. Y por el otro lado, cierran con un baile de máscaras. Sí, tal cual, gente que diseña el futuro de tu teléfono bailando con antifaces hasta la madrugada.

Aunque Barcelona suene lejos, lo que se discute ahí nos toca el bolsillo y el teléfono a todos:

– La lucha contra el fraude: Están viendo cómo perfilan los próximos años para que el ecosistema sea más seguro.
El dilema del RCS: Es esa tecnología que quiere que los SMS se parezcan más a WhatsApp, y andan debatiendo quién manda ahí, si las operadoras o los dueños de las plataformas.
Networking puro: Al final, es gente conectando para que cuando tú abras una app, las cosas simplemente funcionen.

Es curioso ver cómo una organización que nació en el año 2000, cuando todavía usábamos aquellos teléfonos “perolitos” que solo servían para jugar culebrita, sigue siendo el árbitro que pone orden en la sala. Al final del día, la tecnología es como una partitura: si el rol del experto, los datos y las instrucciones están bien puestos, la ejecución suena afinada. Si no, terminamos todos con el teléfono pegado y sin señal.

Acerca del autor

Hugo Londoño

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